26 de abril. 19:00. Noche cerrada, nuestra primera noche en Quito, en el distrito popular de Solanda.
Hemos tenido un viaje largo y pesado, pero nada más aterrizar nos ha entrado la alegría de ver los Andes, de vernos en América y les hemos dado el viaje en la ranchera a nuestros acompañantes Saskia y Freddy de la organización donde vamos a trabajar. Nos han contado muchas curiosidades sobre el barrio y el crecimiento de Quito, adivinamos las casitas entre las montañas en la oscuridad de la noche.
Quito duerme temprano y nosotros aún más.
27 de abril lunes 8:00 AM Demasiado temprano para acostumbrarse a la altura.
Somos un pellejo humano, pero los cuidados y la manera de acogernos nos hace llevarlo todo mejor. Conocemos la oficina nacional de la organización, a todas las personas que allí trabajan de la mano de Rosita, nuestros ojos y pies por la enorme salchicha que es Quito.
Las palabras se nos amontonan en las sienes y la espalda con el calor, degustamos nuestra primera comida ecuatoriana (sopita de chancho y verduras y carne a la brasa con arroz, maduro y fréjoles de segundo) y visitamos a la tarde el centro de Quito, donde los canteros negocian atrios con el diablo y las torres también se reservan a Ceferino.
Espacios enormes se abren a nuestra vista cobijados por la única virgen con alas del mundo.
Cenita rica y suave conversando con Víctor, un peruano que nos acompaña en la casa muy abierto y agradable, jugueteos con el gato y de nuevo a intentar dormir con muchas cosas por leer y aprender, con muchos sueños que nos abre este nuevo proyecto.
28 de abril 12 PM Primeras conversaciones con España.
Mientras Rosa nos cuenta las actividades que hace la pastoral nos damos cuenta de que compartimos una historia y visión parecida a pesar de estar al margen de algunas cuestiones concretas. Empoderar desde las necesidades, potenciar las habilidades al margen de lo que el sistema neoliberal demanda y otro tanto.
Así, entre efectos del mal de altura, nos movemos entre gente muy agradable, ruidos y olores nuevos, musicote por doquier en cada plaza y calle, barrios que se nos quedaban en películas; casitas bajas, desconchadas, con los cables pasando por donde pueden y siempre vigilados por los cerros (Guagua Pichincha y Rucu Pichincha como principales).
Llevamos sólo dos días pero no paramos de observar. Nos dan ganas de traer a un racista de allá y dejarle aquí a que cuente las horas de trabajo del dia de un ecuatoriano cualquiera. Muchas veces importamos su peor música y cara. Y todo ello a propósito para llenarles de veneno el agua y comernos su país y a los vecinos bien baratos.
La casa donde estamos quedándonos tiene un jardín muy lindo y aquí hemos estado lavando la ropita. En Quito se pasa del sol a las nubes en pocas horas, pero hoy hemos tenido suerte para la colada. Dicen que en esta ciudad tienen todos los climas en un solo día.
La casa tiene un gato gris al que le quita la comida otra gata callejera que se ha hecho su amiga. Maúlla toda la noche el pobre.
El recibimiento ha sido increíble y todo esto nos enseña cómo seremos en el futuro buenos anfitriones.
Día miércoles 29/04/2015 14 h Encuentro con la Escuela Móvil de Quito.
Hoy estamos agotados porque hemos estado desde las 14 h en un proyecto muy interesante que se llama Escuela Móvil Quito Cuéntamelo Todo (https://www.facebook.com/escuelamovilctq?fref=ts) que consiste en montar una especie de carpa-escuela con actividades, láminas y juegos al aire libre para niños y niñas. La escuela es totalmente abierta a cualquier niño o niña, muchos de ellos callejeros como la propia escuela. Ésta ha pasado por varios emplazamientos hasta situarse hoy en la plaza del 24 de mayo donde está el Museo de la Ciudad que les ha dejado un espacio chiquito para guardar sus cosas.
Hemos jugado con ellos y ayudado en lo poco que podíamos. Cada día así comprobamos las necesidades auténticas de los niños y niñas que tienen que ver con la afectividad, sentirse acompañados y seguros. Eran muy divertidos. Hemos visto un espíritu de cooperación entre los niñxs y también entre los voluntarixs muy interesante. Se explicaban los juegos y se ayudaban entre pares.
Volvimos a casa acompañados por Jordan, uno de los voluntarios de la escuela móvil, que vive por el barrio de Solanda también. Y nos ha comentado de los problemas de algunos de los chicos y chicas que son sus "alumnos".
Por la mañana hemos tenido la oportunidad de estar en una asamblea de planificación, había mucho respeto a la zona y al trabajo del otro, apertura en general. Hemos conocido al director nacional, Chino Vargas, también a varios españoles que trabajan acá como Juan Carlos, Vicente y Lola. Nos han compartido experiencias en Ecuador de trabajo, investigación y personales.
Hemos probado la menestra, aquí lleva mucha más carne que verdura. Evidentemente, esto se aplica a todo el shock cultural :)
Seguimos en camino, lo aplicaremos a nuestros cuentos de perdices.
Jaime y Clara