domingo, 28 de febrero de 2016

Mudanzas

Una mudanza es movimiento, como su propio nombre indica. Así, llevamos dos semanas de mucho movimiento, en gran parte externo con el viaje a Guayaquil, a Quito, el final del curso en el Sade, terminar cosas de la Residencia, recoger, vaciar y reordenar la que ha sido nuestra casa y hogar todos estos meses y a la que ya teníamos cariño...

Pero, sobre todo, lo que te mueve el piso es la mudanza por dentro. No hay que olvidarse nunca de estos momentos porque son éstos y no otros los que te hacen descubrir que a pesar de todo sigues creyendo en lo que estás haciendo. Cuando ves lo que te cuesta despedirte de algunas personas, o ver tus pocas cosas por los suelos, y aún así encuentras ilusión y fuerzas. Se te agolpan ideas nuevas que tienes ganas de hacer, de llevar a la práctica, de ordenar... Esta motivación creemos que poco a poco hará que la mudanza se reacomode y en nuestra nueva casa sintamos paz.

De hecho, hemos tardado en escribir en el blog por esa sensación de movimiento. Ahora vienen nuevos y maravillosos movimientos para recibir a una visita esperada y recorrer un poco este hermoso país.

Hemos dejado una semillita allá donde hemos estado, y hemos descubierto cosas de nosotros mismos y de las personas de allá que nos acompañarán toda nuestra vida. En el Sade hemos confirmado que queremos que la nuestra sea una vida de crecimiento personal y esto, que ya había comenzado hace años, es algo de lo que hoy somos más conscientes. El hecho de que tus objetos quepan en una mochila, pero que todos tus sentimientos y pensamientos vividos estos meses sean difíciles de escribir y sintetizar resume bien lo que entendemos por crecimiento personal, agrandando la mente y el corazón hasta límites insospechados.



Es curioso, pero hasta que no te detienes a pensarlo no ves que hay toda una tipología en cosas que, en general, no consideramos importantes. 

El cansancio. Sí. Hoy nos sentimos capaces de escribir unas líneas sobre la tipología del cansancio: el cansancio eufórico, el melancólico, el mental, el físico, el emocional, el comprensivo, el nervioso...

Escribimos sobre el cansancio no porque nos sintamos cansados de Ecuador, si no porque en Ecuador nos hemos descubierto en todos estos cansancios. Y es bueno esto, cuando llegas a tus límites y eres consciente de ello aprendes a que no es bueno llegar hasta esa situación o que esa situación no es en realidad tan límite. Y no sólo eso, porque también hay cansancios que son de veras agradables por su origen o sus resultados. Cuando uno/a se siente suficientemente "cansado" para ceder, comprendiendo que la lucha no merecía esa fuerza esto es bello. Cuando uno/a ha sentido peligro y lo ha salvado, usando cualquiera de las maneras que tenía a mano, o la tensión lo estaba ya deshaciendo por dentro, y ve que todo termina con una mueca patética, una risa que desinfla y una amplia sonrisa...esa es la belleza.

Al final, resulta que los límites no son solo para los niños y niñas, y con ellos, como aquellxs, nosotras tambien hemos crecido.



Lo que no es fácil es dejar atrás ese ego que en tu cabecita te dice que debes destacar y ganar la competición: sea física o dialéctica. Pero cuando te ves como realmente eres y te ríes de todas tus ingenuidades y meteduras de pata comprendes un poco más al ser humano (que es igual que tú) y tienes compasión, pero también esperanza. Por eso vas más y más confiando.

Estos días nos han faltado cosas y siempre van llegando poquito a poquito. Alguien aparece que se da cuenta de que algo necesitas y la acogida en este nuevo barrio está siendo buena. Vamos reconociendo las caras, conversando de nosotros mismos e incluso de futuro.


Estuvimos al fin cerca de un volcán en Quito y eso nos va a dar la fuerza para esta semana que será de muchísimo menos movimiento. Así podremos hacer todo lo que teníamos penidente: leer, investigar, buscar, crear, escribir o jugar.



En eso estamos estos días en Guayaquil además de intentar hacernos con una trama urbana complicada, con unas desigualdades que no son grandes, sino enormes y absolutas. Con un calor que es difícil de describir en pleno mes de lluvias.



Aprendiendo a esperar, a estar y a aceptar este nuevo reto. 
Aprendiendo a ver y no sólo a mirar.

Jaime y Clara