"La vida es lo que te pasa, mientras te empeñas en hacer otras cosas."
Desde que estamos en Ecuador hemos tenido dos visitas refrescantes, ambas ya medio instalados e instalados del todo (ya enseñadas incluso) en Monte Sinaí, un barrio muy especial en el noroeste de la ciudad de Guayaquil.
Después de la importante sacudida emocional y física del terremoto que cambió muchas de las prioridades de Ecuador, e incluso de la organización, nos fuimos acomodando y retomando nuestros propios proyectos en la escuela, el colegio y la pastoral. En nuestro tiempo libre los sábados en el barrio, y en nuestros tiempos que podemos dar entre semana, viviendo cada segundo, aprendiendo muchísimo y manteniendo la ilusión y la alegría.
Fue importante que en marzo pudiéramos conocer el país junto a Jaime :) y tener otra mirada sobre todo lo que nos había ido pasando. De ese modo, hoy ya sabemos más de las importantes diferencias entre estas hermosas regiones y personas, entendemos más cómo entendernos con nosotros mismos, que es lo primero, y, después, con los demás.
Ese disfrute y pausa reflexiva, por así decirlo, nos permitió empezar el curso con ilusión en Guayaquil y gracias a la comprensión de las personas que trabajan junto a nosotras en la escuela Fco garcía Jiménez ir pensando especialmente en dos proyectos: educar en cultura de paz para tener un grupo-escuela de mediadores escolares y también un parque de juegos con materiales reciclados que vamos ampliando poco a poco. Al mismo tiempo, aportar en clubes, talleres, grupos juveniles e infantiles en lo que podamos, aprendamos o sepamos de nuestra experiencia anterior. También hemos realizado y seguimos realizando participativamente una investigación-acción en convivencia en el barrio y en el centro.
Las visitas por otro lado te dejan un poso de melancolía muy fuerte cuando escuchas hablar de tus amigas, amigos, vecinos que extrañas y que te gustaría que no se enterasen de lo que vives leyendo este blog si no que lo pudieran vivir junto a nosotros como hemos vivido tantas cosas antes de que nos fuéramos a tantos kilómetros como nos reclaman con cariño.
Y otra consecuencia de las visitas es que te hacen un poco pensar en el futuro, cosa que cuando estás enfrascada/o en tu día a día, en comprender, en conocer...no piensas.
Cuando marcha la familia es inevitable comenzar a reflexionar sobre el después, aunque hablando en serio las personas nunca sepamos que nos vendrá junto a esa extraña cosa llamada futuro que es siempre y es nunca.
Sí que es cierto que en este tiempo, que ya es casi un año y medio, hemos cambiado y somos más conscientes de la diversidad de este planeta llamado Tierra que nos acoge aunque a veces seamos los seres más cochinos del mundo animal. Es cierto también que hay algunas cosas que no queremos en nuestra vida y otras que nos gustaría mantener.
Queremos vivir intensamente el tiempo que aún nos queda acá en Guayaquil, pero os animamos a que nos vayáis contando qué proyectos os ilusionan para que cuando regresemos en marzo del año que viene con muchas ganas y experiencias en la maleta os apoyemos y podamos convertir los sueños en realidad.
Eso nos dejan las visitas: agradecimiento y ganas de seguir caminando.