Hoy escribe Clara, sentía la necesidad de colgar estos pensamientos, ya completamente de vuelta, en el blog que nos acompañó todo Ecuador.
Va a hacer ya dos años que regresamos: marzo de 2017. Recuerdo perfectamente alegría en el reencuentro y, a la vez, sensación de dejar muchas cosas demasiado lejos. Lo primero que celebramos fue la boda de dos buenos amigos.
Al comienzo solo queríamos disfrutar de pequeñas cosas (¡las habíamos echado tanto en falta!) como estar con la familia, con las amigas y amigos, pasear a la perrita, visitar diferentes lugares donde nos esperaban buenos amigos, disfrutar de ciudades en las que hacía mucho que no paseábamos...y comenzamos a armar nuestro nuevo proyecto, todo parecía nuevo, con una luz distinta.
Fue pasando el tiempo y fuimos necesitando compartir cómo nos sentíamos, algunas dificultades...e incluso esa extraña sensación de levantarte y esperar estar en una cama distinta. Lo más extraño es que esa habitación está en Guayaquil, pero para mí fue mi casa durante mucho tiempo. Lo más curioso es que según pasa el tiempo más me acuerdo, como si quisiera atrapar todos los recuerdos para que no se fueran nunca.
En Madrid nos reunimos después del verano con compañeros y compañeras que también habían regresado de su voluntariado recientemente. Poder compartir con ellos y ellas ha sido muy importante para comprenderme y no juzgarme, para comprender lo que habíamos pasado.
¿Y por qué estoy escribiendo ahora?
Porque la vida sigue pasando, y el extrañamiento es mayor cuando una de tus mejores amigas allá va a tener un "bebe", cuando sabes que tu familia del barrio :) ha sufrido tanto y no has podido enviarles más que una triste carta, y porque algunos tienen ya nietos y me saludan todos los días por whatsup haciendo que el corazón se me encoja, porque incluso ya no vivo en Madrid y sé que otros como Christian llegaron a mi ciudad y no pude verlos...tantas tantas cosas.
También escribo porque voy siendo consciente de que no resulta tan fácil en mi presupuesto, proyecto y plan vital actual coger un avión de pronto.Me encontraría muchos cambios, aunque por supuesto que nada deseo más que abrazarlos y ponerme al día de sus vidas, al igual que hice con las personas que dejé acá. Ojalá pudiera a todas cuidarlas a la vez y de la misma manera.
Pero no es solo esa la razón para escribir hoy, sino que también voy siendo consciente de los muchos aprendizajes por los que tengo que dar las gracias. Aprendizajes que me dieron cada una de estas personas, y muchas más, algunas anónimas, que fui encontrando en el camino. Creo que los aprendizajes que he anunciado y contado hasta ahora eran generalidades, ahora han calado en mí mucho más profundo.
He podido al fin tejer una red de significados entre todo lo que Clara había hecho antes de llegar a Ecuador, lo que hice allá, y lo que estoy construyendo aquí. Regresé con otra mirada y hoy soy de verdad consciente. Como si estuviera al fin despertando: Ecuador ha dejado de ser un sueño para ser parte de mí.
Creo que esta consciencia nace de muchas experiencias personales que he vivido al regreso, incluso de la pérdida de amigos, o del afianzamiento de valores que no tenía tan claros.
Esta conciencia sin embargo asomó claramente al empezar este curso mis estudios para profesora, y aún siento que la percibo con más fuerza este mes que estudio los exámenes.
Resulta que en apuntes hechos por personas que no conozco en absoluto sí reconozco los problemas de los contextos donde realicé mi servicio.
Yo ahora ya sé lo que supone una escuela rural pequeña y aislada, gracias a esta experiencia y a guías que tuve en ella como Erika, Mayerli, Jazmin o Yandri, un poco más jóvenes que yo, a personas más mayores, como Dionisio, o casi de mi edad, como Viviana.
Leo sobre los problemas de una auténtica organización democrática y recuerdo las elecciones a cargos de responsabilidad que he vivido, recuerdo apoyos, pero también chismes y conflictos. Recuerdo a veces mis propias peleas con la Dirección (nunca en lo personal). Todo eso y muchísimo más está en Ecuador.
He vivido la educación y todo lo que esta supone en dos años.
Quizá, con todo el respeto, haya docentes que no puedan vivir tantas experiencias educativas en toda su vida. También lo he vivido gracias a que Fe y Alegría aúna lo académico y lo social, le importa el contexto y la comunidad, aunque no siempre sepa como llegar a ella. Le importa la identidad, la formación y el compromiso, aunque muchas veces no lo consiga por parte de los docentes.
También la Administración se interpone, como sucede acá en España, en los proyectos de innovación y autonomía. También allí viví como los profesores sentían como "carga" algunas propuestas que hice para trabajar convivencia en el centro.
Y aprendí como ganarme a las personas. Con confianza, escucha y empatía. Es importante ir desde los afectos y nunca desde la prepotencia.
Todas las veces que usé la prepotencia me equivoqué y no conseguí mis fines. Todas las veces que usé la empatía ayudamos un poco a los estudiantes y a la comunidad.
Así es, y ahora todo esto lo leo en estos apuntes.
Apuntes que también hablan de eso llamado "investigación participativa" en la que tuve el lujo de participar el segundo año, a través del Centro de Formación. De la mano de Milton, Beatriz o Álvaro, que me abrieron los ojos y me enseñaron a no fiarme de las apariencias. Esto es lo más importante para una buena investigación comprometida.
Creo que ahí descubrí mi vocación: resulta que podía investigar a través de la antropología en educación. ¡Menudo descubrimiento! ¿Por qué no se hace más en España? Esa pregunta la dejo a mis amigos y amigas profes o a mi familia, esos que son de verdad profesores y educadores.
La educación es un quehacer social y político, no es técnico ni burocrático. Siento que ahora estoy pasando un trámite, pero que mi verdadera formación la recibí en Quito, El Sade, Santo Domingo, Guayaquil, Manta, Portoviejo, Machachi...especialmente en el barrio de Monte Sinaí de Guayaquil, que me enseñó la fuerza de la comunidad y a la vez su fragilidad.
He tenido muchos maestros y maestras, tengo muchas ganas de abrazarlos, ver cómo algunos crecen, llegan a la Universidad...ver cómo otros siguen luchando día a día tanto, ver sus sonrisas y sus nuevos proyectos...pero aún no puedo prometer esto.
Lo que sí puedo prometer es que si llego a ser profesora combatiré el racismo desde su raíz, porque algunos de los aprendizajes más importantes de mi vida me los dio un país que todavía llaman por ahí "subdesarrollado".
Os quiere,
Clara
Foto de la primera vez que estuve en la casa donde ahora vivo