miércoles, 11 de noviembre de 2015

El feriado de todos los santos

Viernes 30 de noviembre de 2015

Después de comer rica colada morada y ricas guaguas hechas en la residencia con un horno que anda cuando le apetece y a ritmo de Héroes del Silencio nos vamos con Alexandra hasta el Sade, bajamos y comenzamos a caminar a su casa.




Llegamos. Al fin. Estoy exhausta. Jaime está agotado de llevar esa mochila de montaña. Ahora entiendo lo que le cuesta a esta niña llegar al colegio, la loma es altísima. Es divertido ver cómo ella se para en cada casa o riachuelo, hay un hombre que ya conoce a Alexandra y le da agua fresca, otros saludan, aquí nos podemos bañar, este es el mirador oficial para ver el Sade desde arriba, este agua es buena, "sí pero ¿sabes que la palma contamina el agua Ale?" "No, no lo sabía, Jaime hasta Pambilar no llegarías con esa mochila. Este camino antes era puro lodo". Echaron bastante gravilla para arreglarlo y la verdad es que ya se puede caminar bastante bien.




Se comprenden muchas muchas cosas en este camino. Por eso llaman al Sade pueblo, porque claro ellos viven allá arriba, bien arriba. En una casa que sólo se ve en medio de la palma y el pambil, un antiguo campamento de trabajadores: es la casa de los papás de Alexandra. Allí desde hace siete años viven tranquilos huyendo de la violencia de su país: Colombia. De él nos hablan extrañando su comida y su familia.

Al llegar es viernes, día de culto para una familia evangélica. Alexandra quiere ir a la poza, enseñarnos donde se baña, pero su mamá le dice que debe quedarse.

En la habitación de madera con tan sólo una mesita se dispone un sencillo mantel y así comienza la ceremonia. Repetidas veces nos encontramos leyendo pasajes de la Biblia que nos prestan como invitados o reflexionando y cantando con ellos.

Después, al terminar, se saca un café y una galleta y se comparte la vida. Allí sí nos preguntan los pastores de dónde venimos, qué hacemos en la residencia con los niños... estamos totalmente agotados y a la vez relajados en un lugar donde no se escucha más que a los chanchitos. Ya tienen siete, porque la cerda gigante se pasea entre las palmas mostrando que está recién parida. Antes estas casas eran un campamento de trabajadores de la palma aceitera y la gente dormía allí. Ahora tan solo queda esta familia y los demás vienen de paso, como nosotros.

Su papá cuida la finca, caza, cría sus pollos y cerdos, y así viven tranquilos. El resto de la tarde y la noche se nos va en enganchar a una gallina que no quiere ir al palo. No quería morir, pero a la noche se queda sin plumas convertida en un rico caldito que comemos agradecidos y ya con el sueño llamándonos.

Hablamos de muchas cosas, y de lo difícil que debe ser dejar que sus hijos vayan allá abajo al colegio...tan lejos. Si ellas no suben la loma y regresan, llega la preocupación de qué harán a la salida del colegio. Su marido ha salido a cazar una guanta que parece que no llega.




Sábado 31 de noviembre

A la mañana siguiente amanece nublado, hemos dormido muy bien ya que no hay mosquitos con el frío de la altura. No podemos ir a la poza, damos de comer a todos los cerditos y ayudamos con el agua en el desayuno. Desayunamos todos juntos y allí salen todas las conversaciones posibles sobre la violencia y la paz.

Nos despedimos después de esto, porque aunque estamos agusto, agustisísimo, no podemos perder esa ranchera  si queremos llegar a Santo Domingo. Alexandra nos acompaña un trecho y tenemos la suerte de que un carrito amigo la acompaña de vuelta a su casa. Es bien difícil la crianza con harto trabajo y ninguna comunidad.

Nos dormimos en seguida en la ranchera, hace falta tras el rico desayuno y toda la bajada de la loma, aunque es mucho más rápido que subir desde el Sade.

Lunes 2 de noviembre

Hoy es propiamente el día de los difuntos. Hemos disfrutado de un merecido descanso y de muchas conversaciones de gran ayuda, además de un rico ceviche.

Hoy tenemos ganas de un poco de turismo por Santo Domingo y vamos a ver a la comunidad tsáchila de Peripa. Nos cuesta encontrarlo y al final...¡decidimos ir caminando desde el km 7!
Es un centro cultural para turistas que están construyendo, las ruinas que queríamos ver no podemos verlas hasta que esté el guía de la misma familia. El hijo nos lleva en moto, pero no es posible.

Es un lugar precioso y es increíble que tanto campo lindo esté tan cerca de Santo Domingo, así son las tierras tsáchilas.

El shaman (pomé) nos hizo una curación colectiva y parece que nos ha sentado bien. La marimba acá es más melancólica que la afroesmeraldeña...





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