Nuestros tres primeros días en el Sade
Martes 12 de mayo
¿Martes? Son las tres de la mañana,
no podemos considerarte ni día. De cualquier forma nos encaminamos
de madrugada con un carro cargado hasta los topes al Valle del Sade,
nuestro próximo destino y durante un año nuestro nuevo hogar.
Mochilas, medicinas, almohadas y
colchones traquetean durante una hora por el camino de piedritas que
lleva de Quinindé (capital del cantón homónimo) hasta el valle del
Sade, pasando por el río de la gabarra ( el río Esmeraldas).
Al fin llegamos. Sí, Esmeraldas es la
provincia verde. Palmeras, cocos, frutipanes, verde, guineos, y un
largo etcétera acompañan cada metro de tierra. Y en medio de todo,
la residencia y el colegio Sagrado Corazón del Valle del Sade de Fe
y Alegría.
En la residencia redesayunamos después
de un tímido “buenos días” a los chicos y chicas y conocemos a
las personas que trabajan allí: Anita, Anais, Patricio, y Bibiana.
Además está Ricardo (un manitas que nos va ayudar mucho con la
casa) y su familia, su mujer Narcisa y tres chicos, son nuestros
nuevos vecinos y también está Pedro que lleva la carpintería.
Luego conocemos a algunos profesores y profesoras del colegio, todos
viven cerca. Con ellas hacemos una reunión sobre evaluación.
También nos dan la bienvenida. Después del almuerzo se marchan
nuestras anfitrionas a Santo Domingo: Elvira, Genith, y Cristina.
Jugamos a algunos juegos de
presentación, pero son muchos, al final de la semana los
aprenderemos. Quieren marchar a la poza, al río. Es impresionante,
muy bonito, vaya sitio. Está lloviendo pero aún así todos nos
bañamos y disfrutamos de la tarde. Tiene algunos peligros, pero
hemos llegado a un acuerdo y todos los chicos lo cumplen, menos al
final que ya volvemos a la residencia a ducharnos y merendar (cenar).
Poco a poco nos conocemos.
Vamos estando aprendidos, como dice
Elvira :)
Jueves 14 de mayo
Dicen por el valle que nuestra casa
está encantada, porque lo cierto es que hace tiempo que no vive
nadie. La primera noche fue durilla por la tormenta y ayer oíamos
bastantes animales y viento, nos dio miedo pero después agotados por
el cansancio nos dormimos.
Hemos hecho esta mañana un pequeño
sahumerio, ya estamos más tranquilos. Vamos limpiando aunque
tendremos que quedarnos un fin de semana y ponerlo todo a punto y más
decoradito. Vamos haciendo nuestro el espacio y avisando a los
moradores antiguos que hemos llegado.
Estamos empezando a observar y a hablar
con el equipo para ver dónde podemos ser más útiles apoyando. Todo
son facilidades y nos gusta el trabajo en la residencia. Debemos
hacer cosas que queden, aprender mucho del entorno, y no imponernos.
Trabajando en equipo confiamos en que todo vaya saliendo y en poder
aportar nuestro granito, potencial y en lo que creemos. Patricio y
Anais se vinieron de la ciudad para ayudar al proyecto de educación
rural, y así mucha gente que está acá con miles de dificultades.
La verdad es que nos gusta el espacio: aulas de madera, la cancha que
usan también por la tarde en la residencia, tanto verde y los gallos
y gallinas paseando por el colegio...Es una escuela que intenta
integrarse en las comunidades: comuna del Sade, Santa Rosa o Los
Laureles (necesitamos laurel para el armario, tenemos que pedir).
Tenemos que darnos un paseo largo para
llegar, o ir en moto o en ranchera. Nos falta ir a conocer la
comunidad, en estos días lo haremos, al menos unos paseos.
La palma africana se come hoy todo el
antiguo bosque subtropical del que quedan pocos ejemplos, como un
solemne árbol respetado al lado de nuestra casa, que es maderero.
Antiguamente se explotaba más la madera que la palma, la carpintería
lo está recuperando. Pronto iremos tambiéna conocer la finca.
Una naturaleza que nos invita a
repensar quiénes somos en este ecosistema y en nuestra vida.
Viernes 15 de mayo
Un día muy
especial para dos madrileños soñadores que acampan todavía
continuamente en las plazas, buscando en cada lugar el concepto de
plaza.
Hoy hemos hecho
antropología del transporte. Cómo viajar del Sade a Santo Domingo
(4 horas): ranchera (la cogemos a las 8 de la mañana), llegamos a
Quinindé tras cruzar el río con gabarra, y a las 11 cogemos un
autobús a Santo Domingo en Quinindé que llega a las 13 h. Suben
miles de comerciantes ambulantes en este trayecto, incluso dos
actores que se ríen del acento español de Jaime: venden de todo.
Venden papas, panes, cocadas, y hasta gallina!! Clara está tan
cansada que se duerme. A la llegada almorzamos con toda la gente de
la oficina que está muy interesada en saber que estamos bien.
Hablamos mucho los
cuatro voluntarios españoles, viviendo en este rincón del planeta
tan hermoso y sorprendente cada día.
En ello estamos,
creciendo día a día.
Jaime y Clara
La gabarra
La ranchera o
chivita
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