Ya llegamos a Cuenca. Estamos en una posada en una antigua casa cerca del río. Un poco acatarrados los tres porque al pasear por el parque con nombre de dinosaurio, aunque es un árbol llamado Podocarpus nos calló una buena llovizna y finalmente tormenta al regresarnos.
Allá estuvimos el lunes para ver las orquídeas y el hábitat del oso de anteojos, el único oso de América del Sur. Para verlo realmente tuvimos que ir ayer a un parque de recuperación en Loja a orilla del río Zamora. Allá también hay un vivero y un orquideario muy bonito que están reformando y cuyo jardinero contó a Audrey los secretos de estas extrañas plantas.
Este es el segundo feriado del día de muertos y todos los santos que pasamos en Ecuador y decidimos finalmente venir a la sierra sur, el anterior feriado lo pasamos en la costa. Hemos podido ver cómo la famosa Virgen del Cisne marchaba en procesión desde Loja, ciudad a la que regresará en agosto del año que viene durmiendo de nuevo en su catedral. Loja es una ciudad tranquila y la comida es riquísima. Personalmente nos gustaría que la música estuviera más en las calles que en los museos, aunque este feriado es más familiar y es normal que sea más tranquilo.
Cuenca sin embargo está en fiestas por lo que el ambiente es todo lo contrario, más nocturno y cosmopolita incluso con ese aire que me recuerda al norte de España que tiene esta ciudad.
Jaime y Audrey nuestra nueva compañera de piso en el Parque Podocarpus
Orquideas en el Podocarpus
Refugio del Podocarpus
Un compañero inesperado del camino
Puerta de la Ciudad - Loja
Tigrillo en el zoo de Loja
Hermoso tucán en Loja
Oso de anteojos
Calle Lourdes- Loja
3-11-2016 Cuenca
Ya volvimos de IngaPirca donde nos llevó muy amablemente nuestra amiga Carol en el carro. Primero pasamos por Azogues donde ella trabaja en riesgos ambientales y laborales en un proyecto de piscinas de aguas termales. El chorro de agua volcánica, de un color totalmente verde y muy denso, se escapa entre las vetas de la montaña. A pesar del polvo y las excavadoras la gente del lugar sigue acudiendo a bañarse en las "piscinas" que brotan del interior de la tierra. El agua es caliente.
El camino a IngaPirca significa recorrer la sierra ecuatoriana en unos pocos kilómetros, sus cultivos y su carretera de interminables curvas que te hacen bajar totalmente mareado. Ingapirca es un pueblo en un valle con una iglesia alargada que lo domina. Subiendo por una loma llegamos hasta la zona de las ruinas de la llacta, bastante preparada para el turismo. Tiene boleterías, tiendas, etc.
Rodeada de ojos vigilantes de los cerros andinos, tan sagrados para Cañaris e Incas, y también por cabecitas de alpaca. Ambos pueblos, enemigos en n principio, tuvieron que tolerar a regañadientes cierta convivencia y dejaron como símbolo precisamente este centro ceremonial.
El guía nos introduce en la economía inca a través de los graneros, templos cañaris dedicados a la luna, el aclla huasi o casa de las vírgenes, y para finalizar deja el espectacular "templo del Sol" que ejemplifica este choque de culturas. La forma del edificio es circular como era la costumbre cañari de construir y al mismo tiempo los sillare están colocados sin argamasa y con vanos trapezoidales como era la costumbre del Tawantinsuyu. El templo es imponente con dos terrazas para observar a Inti, el dios Sol, en todo su esplendor.
El resto del sitio arqueológico está bien reconstruído, pero apenas tiene sillares originales puesto que se los llevaron para construir casas, haciendas e iglesias en la ciudad de Cuenca, en época colonial y posteriormente. Los sillares se han ido recuperando poco a poco y hoy se muestran a los turistas en fila como exvotos para expiar el anterior pecado. De este modo, se podría montar de nuevo el centro ceremonial perdido.
Es un lugar con una magia e historia que se sienten. Merece la pena ir.
Después de comer un rico mote, llapingachos, y una fritada como manda la tradición de Azuay regresamos cansados a Cuenca. A pesar de ello nos espera una noche festiva en el aniversario de esta ciudad que huele a pan de agua, que nos da nostalgia de la tierra lejana.
Hoy nos reunimos con los ancestros de esas hermosas historias que estudiamos con la sorpresa de encontrarnos en las placas conmemorativas entre los arqueólogos que excavaron el lugar a antiguos profesores y ya clásicos del departamento de la facultad.
Bonitos recuerdos que nos dejan un buen sabor de boca en este día serrano.
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