martes, 24 de enero de 2017

¿Podemos ser comunidad?


¡Qué difícil es eso de ser una comunidad!

Llevamos ya mucho tiempo en esta experiencia reflexionando sobre ciertos temas, uno de ellos es la  la propia creación de una comunidad. Algunas de las cosas a las que más amor y ganas hemos puesto (hayan o no salido como deseábamos) tienen que ver con la búsqueda de una comunidad.

Lograr que las personas se unan, hagan cosas juntas, sin necesidad de que un poder superior lo mande o, incluso, lo facilite.

Quizá una de las primeras dificultades que se impone a esta idea de comunidad es la idea ingenua que tenemos de "integración" como si ésta fuera que para integrarnos tenemos que dejar de lado todo nuestro ser, nuestra historia, valores, cultura...eso es sencillamente imposible. Lo único que es posible es cultivar habilidades sociales, tener paciencia y saber escuchar a nuestro verdadero yo y no tanto al ego para intentar comprender a los demás incluso cuando son tremendamente diferentes; y eso es genial y difícil, pero no hay nada más. Resulta que la verdadera integración viene de las relaciones, del afecto, de la experiencia hermosa de que la otra persona te acepte con tus cosas. Y esto no siempre pasa. Por eso no siempre tenemos comunidades, tenemos "grupos", "gente", etc. etc. y por eso no siempre "nos integramos", que deberíamos mejor decir "nos integramos con la otra persona y ella con nosotros" porque es un verbo en relación.

A pesar de que usemos tanto el término "comunidad" hay otras dificultades. En muchas culturas, ahora casi universalmente con esta pesada "globalización", nos pasamos el tiempo haciendo "grupitos" y disgregando a las personas en el trabajo,  en la escuela, en el turismo, en el ocio, en la edad para leer un libro...¿cómo queremos después que todas y de todas las edades se unan sin importar nada más escuchando al mismo nivel? Será la primera vez en su vida.

La "comunidad" exigiría que a toda persona que forme parte de ella se la escuche y tenga en cuenta. Esto nos cuesta muchísimo en un mundo que nos atomiza continuamente haciendo que no conozcamos al vecino. Pero parece que seguimos con el ideal de comunidad porque el término se utiliza repetidamente en educación, en trabajo social, en la propia "comunidad" de vecinos; ¿qué es eso? ¿Por qué se llama "comunidad!?

Para continuar con las dificultades el trabajo comunitario no tiene resultados a corto plazo  y además no están marcados por fechas (aunque estos eventos sean muy bonitos), sino por cómo avanzan esas relaciones. El trabajo comunitario tampoco lo marcan las elecciones. El trabajo comunitario se crea en la rutina (oh sorpresa) como todo lo importante. 

Esto es cada vez más complicado porque influídos e influídas por la política (la de los políticos, que creen que es la única) y los medios de comunicación las personas que nos encontramos en "las comunidades" quieren resultados en todo inmediatos, gratuitos o vendibles. Lo más valioso que tienen es su propia energía y creatividad, pero es difícil darnos cuenta de esto. Lo vas experimentando con el "solo no puedes, con amigxs sí", pero ¿y si nunca lo experimentas? Es lógico que seas reticente.

Otra de las dificultades, polémica por otra parte, es el paternalismo de las organizaciones que ha impedido que las "comunidades" crezcan y se desarrollen. 

La madurez de una comunidad es poder funcionar por sí misma, y saber lo que necesita, organizándose para ello.

Esto todavía está lejos de muchas comunidades, en espacios donde conviven personas, pero esta ausente el dar tiempo al otro/a y cooperar. 
Por eso creemos que deberíamos reflexionar sobre si nuestros espacios son comunitarios o si están en camino. Si nosotras mismas y nosotros somos comunidad o estamos en camino.

Lo que sí creemos es que nos vamos convirtiendo en agentes comunitarios por relaciones que nos han cambiado y nos han demostrado amor y apoyo mutuo aunque seamos tan raros, diferentes y vengamos de tan lejos.

Y ser agente significa tomar nota de lo que has tenido la suerte de vivir y ser responsable de tus acciones de ahora en adelante.

Clara y Jaime 

 

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