¡Qué difícil es eso de ser una comunidad!
Llevamos
ya mucho tiempo en esta experiencia reflexionando sobre ciertos temas,
uno de ellos es la la propia creación de una comunidad. Algunas de las
cosas a las que más amor y ganas hemos puesto (hayan o no salido como
deseábamos) tienen que ver con la búsqueda de una comunidad.
Lograr que las personas se unan, hagan cosas juntas, sin necesidad de que un poder superior lo mande o, incluso, lo facilite.
Quizá
una de las primeras dificultades que se impone a esta idea de comunidad
es la idea ingenua que tenemos de "integración" como si ésta fuera que
para integrarnos tenemos que dejar de lado todo nuestro ser, nuestra
historia, valores, cultura...eso es sencillamente imposible. Lo único
que es posible es cultivar habilidades sociales, tener paciencia y saber
escuchar a nuestro verdadero yo y no tanto al ego para intentar
comprender a los demás incluso cuando son tremendamente diferentes; y
eso es genial y difícil, pero no hay nada más. Resulta que la verdadera
integración viene de las relaciones, del afecto, de la experiencia
hermosa de que la otra persona te acepte con tus cosas. Y esto no
siempre pasa. Por eso no siempre tenemos comunidades, tenemos "grupos",
"gente", etc. etc. y por eso no siempre "nos integramos", que deberíamos
mejor decir "nos integramos con la otra persona y ella con nosotros"
porque es un verbo en relación.
A pesar de que usemos
tanto el término "comunidad" hay otras dificultades. En muchas culturas,
ahora casi universalmente con esta pesada "globalización", nos pasamos
el tiempo haciendo "grupitos" y disgregando a las personas en el
trabajo, en la escuela, en el turismo, en el ocio, en la edad para leer
un libro...¿cómo queremos después que todas y de todas las edades se
unan sin importar nada más escuchando al mismo nivel? Será la primera vez
en su vida.
La "comunidad" exigiría que a toda persona
que forme parte de ella se la escuche y tenga en cuenta. Esto nos
cuesta muchísimo en un mundo que nos atomiza continuamente haciendo que
no conozcamos al vecino. Pero parece que seguimos con el ideal de
comunidad porque el término se utiliza repetidamente en educación, en
trabajo social, en la propia "comunidad" de vecinos; ¿qué es eso? ¿Por
qué se llama "comunidad!?
Para continuar con las
dificultades el trabajo comunitario no tiene resultados a corto plazo y
además no están marcados por fechas (aunque estos eventos sean muy
bonitos), sino por cómo avanzan esas relaciones. El trabajo comunitario
tampoco lo marcan las elecciones. El trabajo comunitario se crea en la
rutina (oh sorpresa) como todo lo importante.
Esto es
cada vez más complicado porque influídos e influídas por la política (la
de los políticos, que creen que es la única) y los medios de
comunicación las personas que nos encontramos en "las comunidades" quieren resultados en todo inmediatos, gratuitos o vendibles. Lo más valioso que tienen es su propia energía y creatividad, pero es difícil darnos cuenta de esto. Lo vas experimentando con el "solo no puedes, con amigxs sí", pero ¿y si nunca lo experimentas? Es lógico que seas reticente.
Otra de las dificultades, polémica por otra parte, es el paternalismo de las organizaciones que ha impedido que las "comunidades" crezcan y se desarrollen.
La madurez de una comunidad es poder funcionar por sí misma, y saber lo que necesita, organizándose para ello.
Esto todavía está lejos de muchas comunidades, en espacios donde conviven personas, pero esta ausente el dar tiempo al otro/a y cooperar.
Por eso creemos que deberíamos reflexionar sobre si nuestros espacios son comunitarios o si están en camino. Si nosotras mismas y nosotros somos comunidad o estamos en camino.
Lo que sí creemos es que nos vamos convirtiendo en agentes comunitarios por relaciones que nos han cambiado y nos han demostrado amor y apoyo mutuo aunque seamos tan raros, diferentes y vengamos de tan lejos.
Y ser agente significa tomar nota de lo que has tenido la suerte de vivir y ser responsable de tus acciones de ahora en adelante.
Clara y Jaime
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