Antes de nada dejar claro algo. Escribe Jaime, sobre Jaime. Clara y yo hemos tenido un proceso parecido, pero esta vez quería escribir sólo. El que menos habla, menos escribe (también en este blog) y más queda hacia dentro de los dos, por lo que a veces puede parecer que también soy al que menos le importan o afectan las cosas. Dicho esto, aquí queda un pedacito de mi proceso.
Dos
años fuera, a 9000km de distancia. Distancia en el lenguaje, en las
formas, las preferencias y, los estándares. 9000Km de diferencias que
sólo me confirman lo más esencial y lo más humano:
Sin
comunidad no somos nada, y sin relaciones humanas no hay comunidad.
Las relaciones no pueden ser sanas si no están basadas en la
libertad y el amor. Y así, todos solit@s
o envenenad@s creyéndonos los más autosuficientes nos seguimos
peleando por las migajas de un sistema donde el pan lo tienen siempre
los mismos, y curiosamente ellos si actúan en comunidad; el narco
con el gobierno, los paracos con el gobierno, las empresas con todos
los anteriores, y los paraisos fiscales con todo el que no tenga
escrúpulos para hacerse de oro a costa del sufrimiento humano, una
comunidad próspera, la de los sinvergüenzas.
Antes
de venir a Ecuador, pensaba que al final del viaje estaría cambiado,
transformado. Y lo cierto es que esto se ha quedado en una verdad a
medias. Mi cambio ha sido un continuo reafirmar lo que ya sentía y
pensaba sobre el mundo. Al final de este viaje siento más que nunca
que la escuela clásica falla (por eso está en un continuo
reformismo que...), que ver personas antes que etiquetas es vital,
que todo el mundo tiene algo que decir, que la autogestión es el
camino para millones de cosas y que hablamos demasiado de dinero y
nos da vergüenza hablar de sueños, soñar despierto, jugar, porque
ya estamos grandes para todo esto. Porque estar grande es un viraje
hacia un registro de grises insoportable, donde el ocio está
diseñado por anuncios de ron y que, en las contadas ocasiones en que se ofrece el juego como ocio; se
reviste, empaqueta y encarece para que puedas sentir que está
permitido jugar y ser adulto, eso sí, sin decir nunca “juego”,
como es el caso del paintball, o los deportes de riesgo tutelados
(canoping, puenting, y otro monton de engendros con raiz española y
gerundio inglés). Tengo suerte de haber conocido a un montón de
loc@s
de todas las edades que me han enseñado que estar grande es una
decisión, y que jugar es algo maravilloso con cualquier edad.
La
mitad de esa verdad a medias es que efectivamente se han añadido
cosas a lo que soy. Hoy soy mucho más tolerante con lo religioso, pero
también soy mucho más exigente y duro con los meapilas. Entiendo mejor la cultura del pobre, y que lo que
solemos ver, es más el resultado de la destrucción de su cultura
por parte de la cultura del rico y la cultura de la clase media,
llena de miedo. También he aprendido sobre mis propios límites y
que es posible eso de “estar presente” y “vivir el ahora”, al menos he tenido mis momentos. He
podido aprender todo esto de las conversaciones con buenos amigos y
amigas, con acompañantes en este proceso, con Clara, conmigo mismo,
de libros, textos, películas, etc.
Sólo
puedo agradecer todo el amor recibido en estos dos años, las faltas
de amor me han enseñado y las perdono, pero no han sido nada gratas.
Voy
a terminar con algo de mi cosecha a lo Anthony de Mello:
“Un
anciano era conocido por ser el hombre más feliz de una aldea bañada por el Mar Mediterraneo. Un día, un jóven viajero se acercó a él
para preguntarle:
-Disculpe hay algo que me ronda la cabeza. No quiero saber cómo, si no ¿por qué es
usted feliz?
-Porque
me da la gana.
-¿Y
si ocurriera algo? Algo terrible a un ser querido o a usted mismo. Si
lo perdiera todo o sufriera una terrible enfermedad, ¿seguiría
siendo feliz?
-Sólo
si me siguiera dando la gana.
Me
vuelvo a España con muchas perdices en la cabeza, y con la voluntad
de que no me las maten las conversaciones sobre dinero o la falta de
trabajo, ojalá que me siga dando la gana.
Gracias por tu reflexión, Jaime. Solo una cosa: esos que dices no forman comunidad, sólo complicidad, que es mucho más fácil. La comunidad es algo muy exigente: precisa personas y relaciones personales, las de la libertad y el amor, "porque me da la gana", como muy bien dices.
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