lunes, 21 de enero de 2019

VOLPA como formación del profesorado

Hoy escribe Clara, sentía la necesidad de colgar estos pensamientos, ya completamente de vuelta, en el blog que nos acompañó todo Ecuador.

Va a hacer ya dos años que regresamos: marzo de 2017. Recuerdo perfectamente alegría en el reencuentro y, a la vez, sensación de dejar muchas cosas demasiado lejos. Lo primero que celebramos fue la boda de dos buenos amigos.

Al comienzo solo queríamos disfrutar de pequeñas cosas (¡las habíamos echado tanto en falta!) como estar con la familia, con las amigas y amigos, pasear a la perrita, visitar diferentes lugares donde nos esperaban buenos amigos, disfrutar de ciudades en las que hacía mucho que no paseábamos...y comenzamos a armar nuestro nuevo proyecto, todo parecía nuevo, con una luz distinta.

Fue pasando el tiempo y fuimos necesitando compartir cómo nos sentíamos, algunas dificultades...e incluso esa extraña sensación de levantarte y esperar estar en una cama distinta. Lo más extraño es que esa habitación está en Guayaquil, pero para mí fue mi casa durante mucho tiempo. Lo más curioso es que según pasa el tiempo más me acuerdo, como si quisiera atrapar todos los recuerdos para que no se fueran nunca.

En Madrid nos reunimos después del verano con compañeros y compañeras que también habían regresado de su voluntariado recientemente. Poder compartir con ellos y ellas ha sido muy importante para comprenderme y no juzgarme, para comprender lo que habíamos pasado.

¿Y por qué estoy escribiendo ahora?

Porque la vida sigue pasando, y el extrañamiento es mayor cuando una de tus mejores amigas allá va a tener un "bebe", cuando sabes que tu familia del barrio :) ha sufrido tanto y no has podido enviarles más que una triste carta, y porque algunos tienen ya nietos y me saludan todos los días por whatsup haciendo que el corazón se me encoja, porque incluso ya no vivo en Madrid y sé que otros como Christian llegaron a mi ciudad y no pude verlos...tantas tantas cosas.

También escribo porque voy siendo consciente de que no resulta tan fácil en mi presupuesto, proyecto y plan vital actual coger un avión de pronto.Me encontraría muchos cambios, aunque por supuesto que nada deseo más que abrazarlos y ponerme al día de sus vidas, al igual que hice con las personas que dejé acá. Ojalá pudiera a todas cuidarlas a la vez y de la misma manera.

Pero no es solo esa la razón para escribir hoy, sino que también voy siendo consciente de los muchos aprendizajes por los que tengo que dar las gracias. Aprendizajes que me dieron cada una de estas personas, y muchas más, algunas anónimas, que fui encontrando en el camino. Creo que los aprendizajes que he anunciado y contado hasta ahora eran generalidades, ahora han calado en mí mucho más profundo.

He podido al fin tejer una red de significados entre todo lo que Clara había hecho antes de llegar a Ecuador, lo que hice allá, y lo que estoy construyendo aquí. Regresé con otra mirada y hoy soy de verdad consciente. Como si estuviera al fin despertando: Ecuador ha dejado de ser un sueño para ser parte de mí.

Creo que esta consciencia nace de muchas experiencias personales que he vivido al regreso, incluso de la pérdida de amigos, o del afianzamiento de valores que no tenía tan claros.

Esta conciencia sin embargo asomó claramente al empezar este curso mis estudios para profesora, y aún siento que la percibo con más fuerza este mes que estudio los exámenes.

Resulta que en apuntes hechos por personas que no conozco en absoluto sí reconozco los problemas de los contextos donde realicé mi servicio. 

Yo ahora ya sé lo que supone una escuela rural pequeña y aislada, gracias a esta experiencia y a guías que tuve en ella como Erika, Mayerli, Jazmin o Yandri, un poco más jóvenes que yo, a personas más mayores, como Dionisio, o casi de mi edad, como Viviana. 

Leo sobre los problemas de una auténtica organización democrática y recuerdo las elecciones a cargos de responsabilidad que he vivido, recuerdo apoyos, pero también chismes y conflictos. Recuerdo a veces mis propias peleas con la Dirección (nunca en lo personal). Todo eso y muchísimo más está en Ecuador. 

He vivido la educación y todo lo que esta supone en dos años.

Quizá, con todo el respeto, haya docentes que no puedan vivir tantas experiencias educativas en toda su vida. También lo he vivido gracias a que Fe y Alegría aúna lo académico y lo social, le importa el contexto y la comunidad, aunque no siempre sepa como llegar a ella. Le importa la identidad, la formación y el compromiso, aunque muchas veces no lo consiga por parte de los docentes.

También la Administración se interpone, como sucede acá en España, en los proyectos de innovación y autonomía. También allí viví como los profesores sentían como "carga" algunas propuestas que hice para trabajar convivencia en el centro. 

Y aprendí como ganarme a las personas. Con confianza, escucha y empatía. Es importante ir desde los afectos y nunca desde la prepotencia.

Todas las veces que usé la prepotencia me equivoqué y no conseguí mis fines. Todas las veces que usé la empatía ayudamos un poco a los estudiantes y a la comunidad.

Así es, y ahora todo esto lo leo en estos apuntes.

Apuntes que también hablan de eso llamado "investigación participativa" en la que tuve el lujo de participar el segundo año, a través del Centro de Formación. De la mano de Milton, Beatriz o Álvaro, que me abrieron los ojos y me enseñaron a no fiarme de las apariencias. Esto es lo más importante para una buena investigación comprometida.

Creo que ahí descubrí mi vocación: resulta que podía investigar a través de la antropología en educación. ¡Menudo descubrimiento! ¿Por qué no se hace más en España? Esa pregunta la dejo a mis amigos y amigas profes o a mi familia, esos que son de verdad profesores y educadores.

La educación es un quehacer social y político, no es técnico ni burocrático. Siento que ahora estoy pasando un trámite, pero que mi verdadera formación la recibí en Quito, El Sade, Santo Domingo, Guayaquil, Manta, Portoviejo, Machachi...especialmente en el barrio de Monte Sinaí de Guayaquil, que me enseñó la fuerza de la comunidad y a la vez su fragilidad.

He tenido muchos maestros y maestras, tengo muchas ganas de abrazarlos, ver cómo algunos crecen, llegan a la Universidad...ver cómo otros siguen luchando día a día tanto, ver sus sonrisas y sus nuevos proyectos...pero aún no puedo prometer esto.

Lo que sí puedo prometer es que si llego a ser profesora combatiré el racismo desde su raíz, porque algunos de los aprendizajes más importantes de mi vida me los dio un país que todavía llaman por ahí "subdesarrollado".

Os quiere,

Clara

Foto de la primera vez que estuve en la casa donde ahora vivo

martes, 7 de febrero de 2017

ReVuelta


Antes de nada dejar claro algo. Escribe Jaime, sobre Jaime. Clara y yo hemos tenido un proceso parecido, pero esta vez quería escribir sólo. El que menos habla, menos escribe (también en este blog) y más queda hacia dentro de los dos, por lo que a veces puede parecer que también soy al que menos le importan o afectan las cosas. Dicho esto, aquí queda un pedacito de mi proceso.

Dos años fuera, a 9000km de distancia. Distancia en el lenguaje, en las formas, las preferencias y, los estándares. 9000Km de diferencias que sólo me confirman lo más esencial y lo más humano:

Sin comunidad no somos nada, y sin relaciones humanas no hay comunidad. Las relaciones no pueden ser sanas si no están basadas en la libertad y el amor. Y así, todos solit@s o envenenad@s creyéndonos los más autosuficientes nos seguimos peleando por las migajas de un sistema donde el pan lo tienen siempre los mismos, y curiosamente ellos si actúan en comunidad; el narco con el gobierno, los paracos con el gobierno, las empresas con todos los anteriores, y los paraisos fiscales con todo el que no tenga escrúpulos para hacerse de oro a costa del sufrimiento humano, una comunidad próspera, la de los sinvergüenzas.

Antes de venir a Ecuador, pensaba que al final del viaje estaría cambiado, transformado. Y lo cierto es que esto se ha quedado en una verdad a medias. Mi cambio ha sido un continuo reafirmar lo que ya sentía y pensaba sobre el mundo. Al final de este viaje siento más que nunca que la escuela clásica falla (por eso está en un continuo reformismo que...), que ver personas antes que etiquetas es vital, que todo el mundo tiene algo que decir, que la autogestión es el camino para millones de cosas y que hablamos demasiado de dinero y nos da vergüenza hablar de sueños, soñar despierto, jugar, porque ya estamos grandes para todo esto. Porque estar grande es un viraje hacia un registro de grises insoportable, donde el ocio está diseñado por anuncios de ron y que, en las contadas ocasiones en que  se ofrece el juego como ocio; se reviste, empaqueta y encarece para que puedas sentir que está permitido jugar y ser adulto, eso sí, sin decir nunca “juego”, como es el caso del paintball, o los deportes de riesgo tutelados (canoping, puenting, y otro monton de engendros con raiz española y gerundio inglés). Tengo suerte de haber conocido a un montón de loc@s de todas las edades que me han enseñado que estar grande es una decisión, y que jugar es algo maravilloso con cualquier edad.

La mitad de esa verdad a medias es que efectivamente se han añadido cosas a lo que soy. Hoy soy mucho más tolerante con lo religioso, pero también soy mucho más exigente y duro con los meapilas. Entiendo mejor la cultura del pobre, y que lo que solemos ver, es más el resultado de la destrucción de su cultura por parte de la cultura del rico y la cultura de la clase media, llena de miedo. También he aprendido sobre mis propios límites y que es posible eso de “estar presente” y “vivir el ahora”, al menos he tenido mis momentos. He podido aprender todo esto de las conversaciones con buenos amigos y amigas, con acompañantes en este proceso, con Clara, conmigo mismo, de libros, textos, películas, etc.

Sólo puedo agradecer todo el amor recibido en estos dos años, las faltas de amor me han enseñado y las perdono, pero no han sido nada gratas.
Voy a terminar con algo de mi cosecha a lo Anthony de Mello:

Un anciano era conocido por ser el hombre más feliz de una aldea bañada por el Mar Mediterraneo. Un día, un jóven viajero se acercó a él para preguntarle:
-Disculpe hay algo que me ronda la cabeza. No quiero saber cómo, si no ¿por qué es usted feliz?
-Porque me da la gana.
-¿Y si ocurriera algo? Algo terrible a un ser querido o a usted mismo. Si lo perdiera todo o sufriera una terrible enfermedad, ¿seguiría siendo feliz?
-Sólo si me siguiera dando la gana.

Me vuelvo a España con muchas perdices en la cabeza, y con la voluntad de que no me las maten las conversaciones sobre dinero o la falta de trabajo, ojalá que me siga dando la gana.

martes, 24 de enero de 2017

¿Podemos ser comunidad?


¡Qué difícil es eso de ser una comunidad!

Llevamos ya mucho tiempo en esta experiencia reflexionando sobre ciertos temas, uno de ellos es la  la propia creación de una comunidad. Algunas de las cosas a las que más amor y ganas hemos puesto (hayan o no salido como deseábamos) tienen que ver con la búsqueda de una comunidad.

Lograr que las personas se unan, hagan cosas juntas, sin necesidad de que un poder superior lo mande o, incluso, lo facilite.

Quizá una de las primeras dificultades que se impone a esta idea de comunidad es la idea ingenua que tenemos de "integración" como si ésta fuera que para integrarnos tenemos que dejar de lado todo nuestro ser, nuestra historia, valores, cultura...eso es sencillamente imposible. Lo único que es posible es cultivar habilidades sociales, tener paciencia y saber escuchar a nuestro verdadero yo y no tanto al ego para intentar comprender a los demás incluso cuando son tremendamente diferentes; y eso es genial y difícil, pero no hay nada más. Resulta que la verdadera integración viene de las relaciones, del afecto, de la experiencia hermosa de que la otra persona te acepte con tus cosas. Y esto no siempre pasa. Por eso no siempre tenemos comunidades, tenemos "grupos", "gente", etc. etc. y por eso no siempre "nos integramos", que deberíamos mejor decir "nos integramos con la otra persona y ella con nosotros" porque es un verbo en relación.

A pesar de que usemos tanto el término "comunidad" hay otras dificultades. En muchas culturas, ahora casi universalmente con esta pesada "globalización", nos pasamos el tiempo haciendo "grupitos" y disgregando a las personas en el trabajo,  en la escuela, en el turismo, en el ocio, en la edad para leer un libro...¿cómo queremos después que todas y de todas las edades se unan sin importar nada más escuchando al mismo nivel? Será la primera vez en su vida.

La "comunidad" exigiría que a toda persona que forme parte de ella se la escuche y tenga en cuenta. Esto nos cuesta muchísimo en un mundo que nos atomiza continuamente haciendo que no conozcamos al vecino. Pero parece que seguimos con el ideal de comunidad porque el término se utiliza repetidamente en educación, en trabajo social, en la propia "comunidad" de vecinos; ¿qué es eso? ¿Por qué se llama "comunidad!?

Para continuar con las dificultades el trabajo comunitario no tiene resultados a corto plazo  y además no están marcados por fechas (aunque estos eventos sean muy bonitos), sino por cómo avanzan esas relaciones. El trabajo comunitario tampoco lo marcan las elecciones. El trabajo comunitario se crea en la rutina (oh sorpresa) como todo lo importante. 

Esto es cada vez más complicado porque influídos e influídas por la política (la de los políticos, que creen que es la única) y los medios de comunicación las personas que nos encontramos en "las comunidades" quieren resultados en todo inmediatos, gratuitos o vendibles. Lo más valioso que tienen es su propia energía y creatividad, pero es difícil darnos cuenta de esto. Lo vas experimentando con el "solo no puedes, con amigxs sí", pero ¿y si nunca lo experimentas? Es lógico que seas reticente.

Otra de las dificultades, polémica por otra parte, es el paternalismo de las organizaciones que ha impedido que las "comunidades" crezcan y se desarrollen. 

La madurez de una comunidad es poder funcionar por sí misma, y saber lo que necesita, organizándose para ello.

Esto todavía está lejos de muchas comunidades, en espacios donde conviven personas, pero esta ausente el dar tiempo al otro/a y cooperar. 
Por eso creemos que deberíamos reflexionar sobre si nuestros espacios son comunitarios o si están en camino. Si nosotras mismas y nosotros somos comunidad o estamos en camino.

Lo que sí creemos es que nos vamos convirtiendo en agentes comunitarios por relaciones que nos han cambiado y nos han demostrado amor y apoyo mutuo aunque seamos tan raros, diferentes y vengamos de tan lejos.

Y ser agente significa tomar nota de lo que has tenido la suerte de vivir y ser responsable de tus acciones de ahora en adelante.

Clara y Jaime 

 

domingo, 6 de noviembre de 2016

Un feriado austral

Miércoles 2-11-2016

Ya llegamos a Cuenca. Estamos en una posada en una antigua casa cerca del río. Un poco acatarrados los tres porque al pasear por el parque con nombre de dinosaurio, aunque es un árbol llamado Podocarpus nos calló una buena llovizna y finalmente tormenta al regresarnos.

Allá estuvimos el lunes para ver las orquídeas y el hábitat del oso de anteojos, el único oso de América del Sur. Para verlo realmente tuvimos que ir ayer a un parque de recuperación en Loja a orilla del río Zamora. Allá también hay un vivero y un orquideario muy bonito que están reformando y cuyo jardinero contó a Audrey los secretos de estas extrañas plantas.

Este es el segundo feriado del día de muertos y todos los santos que pasamos en Ecuador y decidimos finalmente venir a la sierra sur, el anterior feriado lo pasamos en la costa. Hemos podido ver cómo la famosa Virgen del Cisne marchaba en procesión desde Loja, ciudad a la que regresará en agosto del año que viene durmiendo de nuevo en su catedral. Loja es una ciudad tranquila y la comida es riquísima. Personalmente nos gustaría que la música estuviera más en las calles que en los museos, aunque este feriado es más familiar y es normal que sea más tranquilo.

Cuenca sin embargo está en fiestas por lo que el ambiente es todo lo contrario, más nocturno y cosmopolita incluso con ese aire que me recuerda al norte de España que tiene esta ciudad.

 Jaime y Audrey nuestra nueva compañera de piso en el Parque Podocarpus

 Orquideas en el Podocarpus



 Refugio del Podocarpus




 Un compañero inesperado del camino


Puerta de la Ciudad - Loja 


 Tigrillo en el zoo de Loja

 Hermoso tucán en Loja



Oso de anteojos 

Calle Lourdes- Loja

3-11-2016 Cuenca

Ya volvimos de IngaPirca donde nos llevó muy amablemente nuestra amiga Carol en el carro. Primero pasamos por Azogues donde ella trabaja en riesgos ambientales y laborales en un proyecto de piscinas de aguas termales. El chorro de agua volcánica, de un color totalmente verde y muy denso, se escapa entre las vetas de la montaña. A pesar del polvo y las excavadoras la gente del lugar sigue acudiendo a bañarse en las "piscinas" que brotan del interior de la tierra. El agua es caliente.

El camino a IngaPirca significa recorrer la sierra ecuatoriana en unos pocos kilómetros, sus cultivos y su carretera de interminables curvas que te hacen bajar totalmente mareado. Ingapirca es un pueblo en un valle con una iglesia alargada que lo domina. Subiendo por una loma llegamos hasta la zona de las ruinas de la llacta, bastante preparada para el turismo. Tiene boleterías, tiendas, etc. 

Rodeada de ojos vigilantes de los cerros andinos, tan sagrados para Cañaris e Incas, y también por cabecitas de alpaca. Ambos pueblos, enemigos en n principio, tuvieron que tolerar a regañadientes cierta convivencia y dejaron como símbolo precisamente este centro ceremonial.

El guía nos introduce en la economía inca a través de los graneros, templos cañaris dedicados a la luna, el aclla huasi o casa de las vírgenes, y para finalizar deja el espectacular "templo del Sol" que ejemplifica este choque de culturas. La forma del edificio es circular como era la costumbre cañari de construir y al mismo tiempo los sillare están colocados sin argamasa y con vanos trapezoidales como era la costumbre del Tawantinsuyu. El templo es imponente con dos terrazas para observar a Inti, el dios Sol, en todo su esplendor.

El resto del sitio arqueológico está bien reconstruído, pero apenas tiene sillares originales puesto que se los llevaron para construir casas, haciendas e iglesias en la ciudad de Cuenca, en época colonial y posteriormente. Los sillares se han ido recuperando poco a poco y hoy se muestran a los turistas en fila como exvotos para expiar el anterior pecado. De este modo, se podría montar de nuevo el centro ceremonial perdido.

Es un lugar con una magia e historia que se sienten. Merece la pena ir.

Después de comer un rico mote, llapingachos, y una fritada como manda la tradición de Azuay regresamos cansados a Cuenca. A pesar de ello nos espera una noche festiva en el aniversario de esta ciudad que huele a pan de agua, que nos da nostalgia de la tierra lejana.

Hoy nos reunimos con los ancestros de esas hermosas historias que estudiamos con la sorpresa de encontrarnos en las placas conmemorativas entre los arqueólogos que excavaron el lugar a antiguos profesores y ya clásicos del departamento de la facultad. 

Bonitos recuerdos que nos dejan un buen sabor de boca en este día serrano.